Meta Pixel

Revista COEC : ¿Y si uno de los grandes retos en la clínica no fuera técnico, sino emocional?

cerebro dentista

Cuando empecé a trabajar como odontóloga, pensaba que lo más difícil sería dominar la parte técnica. Pero con los años, y gracias a mi experiencia como responsable médica y como coach de odontólogas, he descubierto otra realidad: el reto más grande de muchas profesionales no es clínico, sino interno.

He conocido mujeres con una formación académica excelente que, a pesar de ello, dudan de sus decisiones, sufren estrés y ansiedad y sienten que deben demostrar su valor constantemente. Este malestar no siempre se ve a simple vista, pero se manifiesta de muchas maneras: dificultad para comunicar con seguridad, miedo a equivocarse constantemente, bloqueos a la hora de resolver alguna incidencia con pacientes, o la sensación de no estar nunca a la altura por mucho que sigan formándose.

En una encuesta que realicé a 54 mujeres odontólogas de entre 25 y 45 años, el 86 % expresaron sentirse inseguras en algún momento de su práctica clínica, especialmente en la comunicación con los pacientes y la toma de decisiones. Los temas más mencionados fueron el estrés, la autoexigencia, el perfeccionismo y el miedo al juicio externo.

Una situación vivida hace un tiempo lo hizo aún más evidente.

Un día, en la clínica, vino un paciente muy enfadado. Las doctoras presentes en aquel momento vieron cómo entraba a hablar conmigo. Lo hice pasar al gabinete, le pedí disculpas por los inconvenientes que le habíamos podido causar y le invité a explicar todo lo que necesitara. Lo escuché con calma, respeto y compasión, y le ofrecí una solución.

Cuando salió del gabinete, aquel paciente que había entrado tan tenso y enfadado me dio un abrazo y se marchó con una sonrisa. Justo después, una de las doctoras que había presenciado la situación se me acercó y con cara de sorpresa me dijo:

“María, ¿cómo lo haces? ¿Cómo haces para que un paciente que entra tan enfadado salga tan tranquilo y agradecido?”.

Aquella pregunta me impactó profundamente. Fue el momento en el que se confirmó aquello que hacía tiempo que intuía: tener recursos ya no era opcional, sino una necesidad real para la práctica diaria.

Las profesionales que me rodeaban aquel día estaban altamente formadas, pero aun así no sabían cómo gestionar situaciones como aquella. Y no era por falta de capacidad, sino porque nadie, ni en la universidad ni en las formaciones posteriores, nos ha enseñado cómo gestionar emocionalmente esos momentos de tensión y conflicto que, inevitablemente, forman parte de nuestro día a día como odontólogas.

Estas dificultades emocionales, aunque a menudo se viven en silencio, tienen un impacto directo en la calidad de la atención al paciente, en la satisfacción laboral de las dentistas y en la relación con el equipo. Y, lo que es más importante, afectan profundamente la autoestima y la tranquilidad con la que ejercemos la profesión.

Por eso, es urgente y necesario que empecemos a hablar más del aspecto emocional dentro de la odontología. Necesitamos formarnos a nivel de conocimientos y técnica, pero también (y no menos importante) necesitamos herramientas para gestionar nuestros pensamientos, las emociones y las creencias que condicionan nuestra manera de estar en la consulta.

Incorporar recursos como el autoconocimiento, la regulación emocional y el apoyo entre profesionales puede marcar la diferencia entre una odontóloga que transita el día con tensión, angustia y malestar, y una que se siente segura, estable y satisfecha con su trabajo.

La intención de este artículo es visibilizar todo aquello que también forma parte de la profesión y que, muy a menudo, escondemos: las emociones, las dudas, los miedos y las inseguridades. Hablar de ello con naturalidad es el primer paso para integrarlo en nuestro ejercicio profesional.

Cuando esta mirada se incorpora de manera consciente, los resultados son evidentes: aumenta la seguridad clínica, mejora la comunicación con los pacientes y se reduce la carga emocional que a menudo acompaña la práctica diaria. Apostar por la formación emocional no es un añadido, sino una inversión directa en la calidad y la sostenibilidad de nuestro ejercicio como profesionales de la salud.

Este artículo ha sido publicado originalmente en el número 202 de la revista del Col·legi Oficial d’Odontòlegs i Estomatòlegs de Catalunya (COEC).

Si algo de lo que has leído ha resonado contigo,
quizás este sea el momento de dar un paso hacia ti.

✨ Reserva tu primera sesión gratuita conmigo